HUÉRFANOS QUEDAN TURBANTE Y PLUMA

ENCARO CAPITÁN MORO 2022


Nuestro homenaje y recuerdo a Enrique Sanjuán, socio, compañero y amigo.


Seis y media de la mañana del tercer día y unos veinte osados cordoneros desafían al cansancio y al sueño a los que somete la trilogía. No se echa en falta a ninguno de los que con gallardía se comprometieron a superar con nota este desafío. La puntualidad de todos denota lo serio del compromiso adquirido, ante Junta y Capitán, de dotar de un elegante entorno donde agasajar al adversario durante lo que se prevé acabe siendo un inevitable y sangriento encaro. Acaudillados por su aguerrido e indomable líder, pretenden sorprender con elegancia y clase al enemigo ante unas duras negociaciones.

El destino con ello les brinda la oportunidad de materializar un merecido homenaje a su compañero y amigo, perdido tiempo ha por trágico suceso. Es su manera de hacerle presente sin restar protagonismo o deslucir a su cargo, principal figura del acto. Pluma y turbante, ausente su dueño, encuentran su espacio en una posición avanzada del campamento. Un inoportuno viento pretende insistentemente desmerecerlo tumbándolos, pero siempre hay cerca alguien para alzarlos de nuevo; fiel reflejo del espíritu de superación de este grupo ante las adversidades y zancadillas. Finalmente, y ante lo incansable y tenaz por volcarlos, se opta por colocar la pluma tumbada; no como vergonzante claudicación, más bien como útil recurso para zanjar, de una vez por todas, este absurdo y estéril duelo.

El encuentro transcurre con cordialidad y cortesía. Manjares y licores pretenden suavizar las eternas desavenencias entre estas dos culturas antagónicas. Todos portan buenas intenciones pero no renuncian a sus convicciones y posiciones previas. Finalmente, ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo o pacto que detenga el derramamiento de sangre, se inician de nuevo las hostilidades.

Si vano fue el intento previo del embajador por evitar una masacre, inútiles han resultado ser también las conversaciones entre los más altos mandatarios. Cuente al menos el intento de lograrlo.

Pagados por los gestos de agradecimiento por parte de dama y familia, que acaban siendo los únicos, se disponen prestos a desmontar el campamento, pues se encuentra localizado en el mismo campo de batalla. 

Así juraron los veinte hacerlo y así lo cumplieron.

A.C.S.